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Hemos escuchado hasta la saciedad lo importante que es el ahorro, lo mucho que nos beneficiará a largo plazo, la seguridad que dará a nuestra jubilación, y sobre todo la tranquilidad mental que aporta, y es que se duerme muy bien sabiendo que el dinero no es nuestro principal problema. Pero aun así nunca nada se nos ha resistido tanto y durante tanto tiempo. Para la mayoría de los mortales es como una verdad omnipresente que todos sabemos, comprendemos, incluso algunas veces tratamos de hacer realidad, pero que al final casi siempre tendemos a dejar de lado.

Cómo ya sabemos, nuestra naturaleza humana tiene mucho que ver en el asunto, si bien es cierto que economistas como Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía 2002, nos  indican que también uno de los errores financieros más frecuentes de las personas es no pensar en el futuro. Tan sencillo como eso.

Él ha desarrollado una de las más famosas teorías en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”  donde recoge la idea de la existencia de dos sistemas de pensamiento dentro de nuestro cerebro: el Sistema 1, rápido, intuitivo y emocional, y el Sistema 2, más lento, reflexivo y racional. El primero proporciona conclusiones de forma automática, y el segundo, respuestas conscientes. Lo peculiar es que, en la mayoría de las ocasiones, no reflexionamos sobre cuál de los dos sistemas ha tomado las riendas de nuestro comportamiento.

Por ejemplo, si observas la imagen inferior, ¿qué línea es más larga?

Nuestro pensamiento rápido nos diría rápidamente que la segunda línea es la más larga, sin embargo nuestro pensamiento lento cogería una regla y mediría ambas líneas dándose cuenta de que son iguales. En tu caso, ¿cuál de los pensamientos ha predominado?

Es muy importante saber cuándo podemos confiar en nuestras intuiciones y cuándo no, y de qué modo podemos aprovechar los beneficios del pensamiento lento y cómo podemos usar distintas técnicas para protegernos de los fallos mentales que nos crean problemas, sobre todo cuando están en juego cosas importantes (como nuestras finanzas personales).

Todo ello puede influir desde luego en el tipo de ahorrador que somos, sin perjuicio del tipo de ahorrador en el que nos podamos convertir. En función de ello vamos a distinguir tres tipos de ahorradores:

  1. El ahorrador perfecto (o devoto de la virgen del puño): Se trata de ese amig@ que vuelve a casa con más dinero del que tenía cuando salió. Siempre ajusta su consumición dependiendo del precio, es el último en pagar (porque casi siempre coincide que tiene que ir al servicio), se arregla para pagar lo mínimo en “botes” comunes y se enfada cuando gasta un euro más de lo esperado. Nunca tendrán problema para ahorrar, independientemente de su salario; es más, probablemente habrás visto a muchas personas con esta actitud y que te doblan en ingresos. Sencillamente es una forma de ver la vida, donde predomina el pensamiento lento y toda decisión económica es racional y reflexiva.
  2. El ahorrador medio (o el equilibrado): Este sí que sabe. Encuentra el balance, incluso cuando aparentemente no lo hay, ahorrando lo mucho o poco que puede. Su ahorro es un gasto, casi siempre automatizado a principio de mes. Tiene claro lo que es importante, es por eso que gasta cuando tiene que gastar (sin muchos excesos) y ahorra cuando puede ahorrar (sin muchos excesos). Se pone objetivos puntuales (viajes, caprichos…), que siempre cumple, u objetivos a largo plazo (jubilación, hipoteca,…), que siempre tiene presentes. Sabe cuándo fiarse de su pensamiento rápido e intuitivo, y cuando dejar las decisiones importantes a su pensamiento más lento y racional.
  3. El ahorrador desastre (o la eterna promesa): Para ell@s el control del gasto es una utopía y el ahorro son los padres. Y ¡ojo! probablemente ganas de ahorrar no les falten, pero la economía conductual encuentra en este grupo sus mejores representantes: los impulsos, el consumismo y la inercia brillan más que nunca. Viven el presente y, mientras su nivel de ingresos les permita una vida desahogada, no ahorrarán. Eso sí, se prometen, se perjuran, que el siguiente mes van a ahorrar, que el siguiente mes gastarán menos…. Sin duda un pensamiento rápido, dominado por la emoción e intuición, guía su comportamiento.

Si no has encontrado un grupo que te defina totalmente, no te preocupes, probablemente seas tripolar. Lo más seguro es que estés oscilando entre diferentes comportamientos y pensamientos que te alejan de ese equilibrio del buen ahorrador.

Si bien todos estos comportamientos de ahorro se los podríamos achacar a un tipo concreto de personalidad, y por lo tanto un tanto difíciles de cambiar, lo cierto es que cada vez más economistas insisten en  la posibilidad de controlar la manera en la que pensamos, aprender a moderar nuestros impulsos de recompensa inmediata, buscar educación financiera que nos permita, entre otras cosas, valorar los beneficios de la previsión del futuro y buscar mecanismos simples que nos hagan faciliten el ahorro, como la automatización a través de Apps como coinScrap, y que por lo tanto nos permitirán conseguir la tan ansiada salud financiera.

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Y llegó ese momento del año. Da igual lo mucho que te hayas organizado, planeado y comprado por anticipado en todos los “sales” de noviembre, al final siempre, pero siempre, vas a gastar mucho más de lo que esperabas. No sabes el porqué, es una fuerza que te arrastra y que te lleva, un consumismo que no puedes controlar. Que si los juguetes para los niños, que si la bufanda de la abuela, amigos invisibles, cenas infinitas y multiplicadas hasta la saciedad…. ¡Y eso no hay bolsillo que lo aguante!

Intentas resistirte (¡lo cual te honra!), alguno que otro puede consolarse e incluso justificarse con las pagas extras de navidad, pero muy dentro de ti sabes que no lo estás haciendo bien, sabes que estas gastando y comprando cosas que dentro de un mes o no importarán, o serán mucho más baratas. Pero qué le vamos a hacer, ¡es Navidad!

Se trata además de un sentimiento generalizado. Hemos pasado de apretarnos el cinturón a ser el país europeo que más dinero se va a dejar en tiendas y supermercados estas Navidades. Si la media de consumo en Europa está en 445 euros, nosotros vamos a invertir en las fiestas unos 633 euros ¡y da igual lo que diga nuestro salario!

Sabemos además que nuestras conductas de consumo pueden deberse a patrones de comportamiento, a inercias, impulsos o recompensas inmediatas ; pero es importante que tengamos en cuenta que todo ello, al fin y al cabo, depende de nosotros, por eso debemos ponernos manos a la obra y luchar para conseguir unas navidades de mucho beneficio y poco desperdicio (sobre todo monetario).

En el caso de que tu economía corra peligro de no sobrevivir a estas navidades, aquí te facilitamos una pequeña guía de primeros auxilios navideños:

Presupuesto Líquido: Es importante fijarse un presupuesto fijo, y lo mejor es siempre tirar un poco al alza. Haz una lista con los regalos y gastos necesarios para las festividades y ponte siempre en el supuesto de que vas a gastar un poquito más, así evitamos sustos e incluso podemos llevarnos una alegría en forma de ahorro al final de las fiestas. Además también se recomienda pagar en efectivo, pues tendemos a ajustarnos más al presupuesto, ya que no podemos gastar lo que no tenemos somos más conscientes de lo que gastamos, al fin y al cabo las tarjetas de plástico siempre nos generan una sensación de inconsciencia y libre albedrío que perjudica seriamente a nuestros bolsillos.

Frenar el “impulso comprador”: Cada vez compramos más online, y además parece que en estas fechas a todos nos domina un impulso comprador, y lo cierto es que aunque el e-commerce nos permita ahorrar comparando también es cierto que nos genera cierta sensación de urgencia que a veces es imposible refrenar. Por suerte para nosotros ya existen herramientas que nos ayudan a controlar un poco nuestros instintos, como lo es por ejemplo “Icebox”. Esta extensión para Google Chrome reemplaza todos los botones “comprar” por una sencilla pregunta “¿realmente necesito esto?” Al clicar, ese productos pasa a estar “congelado” (30 días por defecto que es lo que los expertos creen que debemos esperar antes de comprar algo) y se irá descongelando pasado el tiempo en el que se supone que ya habremos reflexionado. Además, anima al ahorro ya que contabiliza el dinero que no te has gastado en esas compras iniciales. No sé a ti, pero a mí me suena a chaleco salvavidas.

Regalos DIY (Do it yourself): Todo lo que puedas, ¡hazlo tú mismo! Desde la decoración de la casa hasta los regalos de Navidad, hoy gracias a internet no te faltarán ideas para inspirarte. Si además utilizas materiales reciclados, el gasto será mínimo. Otra opción es ofrecer  vales- regalos originales, de esta manera conseguirás más tiempo para ahorrar hasta que esa persona decida canjear el vale por su regalo.

Organiza comidas y cenas de “traje”: Estas fechas suelen convertirse en maratones gastronómicos.  Si te apetece invitar gente a casa, no tienes por qué hacer un gran gasto ni pasarte días enteros cocinando. En las cenas de “traje” cada uno aporta algo: “yo traje el vino”, “yo traje el postre”… lo que se traduce en una buena manera de estar en compañía de los tuyos sin grandes complicaciones ni gastos. Además, si sabemos lo que vamos a hacer, ¿por qué no empezamos a comprar y congelar? También puedes ahorrar en aperitivos, o viceversa, si vas a ahorrar en el menú, dale alegría al comienzo de la cena.

De todas maneras, si después de intentarlo por activa y por pasiva aún sigues teniendo problemas con los gastos que generan el consumo o el impulso comprador, intenta utilizar alguna aplicación como CoinScrap , en la que puedes ahorrar a medida que vas gastando. También puedes aprovechar el año que entra para hacer borrón y cuenta nueva, quizá en el 2018 con un poco de esfuerzo y la ayuda adecuada, puedas conseguir que el control del gasto sea una constante y el ahorro una forma de vida que te lleve a la tan ansiada estabilidad financiera. Además, lo mejor siempre está por venir, ¿no crees?

¡El equipo CoinScrap te desea unas felices fiestas!

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Si llegar a fin de mes es complicado, ahorrar se puede convertir en una verdadera odisea. Muchos de nosotros estamos seguros de que un aumento salarial solucionaría el problema, ya que podríamos afrontar los pagos a tiempo y todo ese dinero extra de nuestra nómina se convertiría en ahorro (¡seguro!). Pero por desgracia la realidad es otra, pues en la mayoría de los casos se produce lo que se conoce como inflación de estilo de vida, es decir, un incremento de los ingresos implica un aumento en el coste de vida, por lo que seguimos sin ser capaces de ahorrar más.

Probablemente pensemos que eso a nosotros no nos pasaría, que nosotros seguiríamos llevando el mismo nivel de vida (incluso si nos tocase la lotería seguiríamos igual), pero lo cierto es que los expertos dicen que el problema reside en que aquello que antes se veía como un poco “inalcanzable” o “innecesario” ahora, como nos los podríamos permitir, se nos antoja del todo imprescindible, ya sea desde un nuevo sofá a cenas más frecuentes con amigos.

Todo ello se traduce en que a pesar de ese incremento en nuestros ingresos seguimos teniendo problemas para ahorrar, lo que nos lleva a entender que quizás el ahorro no depende tanto de nuestros ingresos como de lo que hacemos con ellos. Lo único que puede salvarnos es establecer unos buenos hábitos de ahorro y para ello es necesario revisar nuestro presupuesto mensual y hacer algo al respecto, pues aunque a veces tenemos buenas intenciones, tomamos malas decisiones.

 

¿Cómo combatir la inflación en nuestro estilo de vida?

El dilema está en administrar bien nuestro dinero, priorizar nuestros gastos y derivar lo que ganamos correctamente a cada una de nuestras necesidades y objetivos.

Desde luego es  más fácil decirlo que hacerlo. Si tú también eres de los que nunca encuentra una explicación razonable a sus gastos, sigues sin entender en qué se te va el dinero, o simplemente el dinero te quema en el bolsillo, tranquil@, aquí te recomendamos dos soluciones que pueden ayudarte a organizar mejor tus ingresos, con independencia de la cantidad.

Autoayuda Financiera: Existe y se llama Método Kakebo. Un método japonés de ahorro  que te  ayuda a ser más consciente de tus finanzas personales, y a manejar los gastos de una manera más responsable, lo que casi siempre se acaba traduciendo en ahorro asegurado (por muy poco que éste sea).En realidad el Kakebo es mucho más que llevar las cuentas. Como si de un libro de autoayuda financiero se tratase, registra los ingresos y gastos con el objetivo de guiarte en el análisis para ayudarte a mejorar, a evitar el estrés de una mala administración, desarrollar la autodisciplina y la conciencia de ti mismo y tus comportamientos consumistas. Eso si, hay que anotarlo todo a mano. Parece que solo así somos realmente conscientes de los gastos que realizamos, ya que escribir sobre el papel te hace ser más consciente de tus hábitos de consumo.  La segunda clave está en la constancia: solo si apuntamos los gastos a diario seremos capaces de tener una imagen real del estado de nuestra economía.

Pero si la constancia y el detalle no es lo tuyo, deja que la automatización lo haga por ti. En la era del internet de las cosas, la automatización de los procesos y comportamientos nos ayudan a gestionar las miles de tareas que invaden nuestros días y eso, por supuesto, se aplica a nuestras finanzas personales.

Una automatización aplicada al ahorro ayuda a gestionar de manera inconsciente, pero eficiente, el dinero disponible en nuestra cuenta corriente (sin necesidad de que realices ninguna acción, ya que el sistema se encarga de ello). Existen servicios y aplicaciones móviles como coinScrap, que te pueden ayudar a generar ahorro a través de redondeos de tus compras, reglas de ahorro o consejos financieros que ayudan a simplificar la ardua tarea de ahorrar. Al fin y al cabo, si vamos a incrementar los gastos, ¡pues ahorremos gastando!

En resumen, lo que la inflación de estilo de vida nos enseña es que NO podemos dejar que el tamaño de nuestra cuenta corriente intimide a nuestra capacidad de ahorrar. Tenemos que crear hábitos de ahorro saludables y utilizar las herramientas a nuestro alcance para poder gestionar los ingresos y gastos de la mejor manera posible, porque aunque a veces ahorrar cuesta mucho, prometemos que merecerá la pena.

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“El problema parece ser que mientras los economistas se han vuelto más sofisticados e inteligentes, los consumidores han permanecido decididamente humanos” Richard Thaler, Premio Nobel de Economía 2017.

Como humanos que somos, los sentimientos y las emociones protagonizan las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida, y, por supuesto, esto afecta también a nuestra economía.

Sin embargo, las teorías económicas clásicas siempre habían descartado los comportamientos irracionales a la hora de tomar decisiones financieras, ya que los consideraban irrelevantes. Pero eso está cambiando. Los últimos premios Nobel de Economía dan cada vez más crédito a la corriente de la llamada “economía conductual”, la cual trata de demostrar que las finanzas no son tan predecibles como parecen.

Son muchos los economistas que quieren construir un puente entre lo económico y lo psicológico, dotando a la economía de una parte más humana, para así poder realizar un análisis más realista de cómo piensan y actúan las personas cuando están tomando decisiones económicas.

Sus investigaciones demuestran que las decisiones no siempre obedecen a criterios racionales, sino que también entran en juego variables psicológicas como la falta de autocontrol, las preferencias sociales y la racionalidad limitada, que afectan a las decisiones individuales y a las tendencias de mercado.

Conocer la forma en la que decidimos podría ayudarnos a ahorrar y a mejorar nuestro futuro.

Uno de los descubrimientos del Premio Nobel Richard Thaler fue que la inercia y la apatía suelen ser fuerzas muy poderosas que guían la toma decisiones o, en su defecto, la falta de ellas. A raíz de ello acuñó el concepto del “nudging” , que consiste en “empujar” a la población a la toma de decisiones que le beneficien a largo plazo.

Tal y como se ha demostrado, entre dos opciones, las personas a menudo escogen la más fácil y cómoda frente a la adecuada. Por eso mismo, necesitan a veces un empujón que les ayude a hacer lo correcto o que, por lo menos, les haga pararse a pensar o a ejercer un mejor autocontrol para, por ejemplo, ahorrar de cara a una jubilación.

Para demostrarlo, Thaler desarrolló el sistema “Save More Tomorrow” (SMarT plan), usando la economía conductual para incrementar el ahorro de los empleados para su jubilación. A través de este sistema se aprovecha de la inercia y apatía de los mismos trabajadores para inscribirlos de manera automática en un sistema de jubilación y hacer que sus contribuciones aumenten de manera progresiva (llegando a aumentar entre un 4% y un 14% en cuatro años).

Todos tomamos mejores decisiones cuando nos ayudan con un empujoncito, que cuando decidimos forzados por la situación o la preocupación. Con este sistema se logra que la persona tome automáticamente una decisión que muy probablemente terminará tomando en algún momento de su vida, pero que cuanto antes lo haga, mejor, por los beneficios que genera el interés en su fondo de ahorro.

En definitiva, todos sabemos que ahorrar no es fácil, pero la economía conductual ha llegado para echarnos una mano. Nos permite conocernos más a nosotros mismos y saber que no siempre somos racionales y activos en cuanto a decisiones económicas se refiere, así que por el bien de nuestra salud financiera debemos empezar a automatizar comportamientos y tomar cuanto antes las decisiones que puedan beneficiarnos a largo plazo ,aprovechándonos de pequeños empujones o estímulos que nos lleven hacia la dirección correcta.

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Un nuevo año se acerca, y es casi obligada la fijación de objetivos personales que nos ayuden a alcanzar una mejor versión de nosotros mismos o, al menos, fijar nuevas y mejores aspiraciones. Lo cierto es que al principio todo son buenos propósitos: este año iré al gimnasio, comeré mejor, ahorraré todos los meses, iré de vacaciones al sitio de mis sueños…..y desde luego que nos parece posible, nos sentimos invencibles y llenos de determinación para alcanzar aquello que se nos ha resistido durante años. Hasta aquí todo es precioso, pero el problema es que toda esa emoción y optimismo que nos invade al principio muy pronto se ve diluida por el desgaste del día a día, las tentaciones y el constante sacrificio que supone mantener todos esos maravillosos propósitos, lo que hace que la mayoría de nosotros desistamos de tan noble misión y acabemos por dejar ese “nuevo mejor yo” para el año siguiente.

¿Te suena, verdad? Y la pregunta del millón es: ¿Por qué siempre nos pasa esto? Pues la respuesta es muy sencilla: no eres tú, es el descuento hiperbólico.

Como ya explicamos en entradas anteriores del blog, algunos sesgos cognitivos en la toma de decisiones y predisposiciones conductuales afectan a decisiones de nuestra vida cotidiana, laboral o financiera. Uno de los más comunes es el denominado “descuento hiperbólico”, y según el cual dadas dos recompensas similares, las personas muestran mayor preferencia por aquella que llegue más pronto, es decir, la recompensa futura tiene menos valor para la persona que la satisfacción inmediata. Por ejemplo, si a un grupo de personas les dicen que les van a pagar 1000 euros en un año o 700 euros ahora mismo, generalmente elegirán la cantidad más baja, puesto que la que nos dan en el futuro la vemos con menor valor. Así de simple. Cuanto más se retrasa la recompensa en el tiempo, más valor va perdiendo y los humanos queremos gratificación inmediata ¡y la queremos ya!

Un ejemplo muy claro fue la campaña llevada a cabo por Burger King en Facebook para probar la lealtad de sus seguidores. La campaña se denominó “Whopper Sellout”. La marca creó una nueva página para auténticos fans y le pidieron a sus 38.000 seguidores de Facebook que decidieran entre volverse fans de la nueva página u obtener un vale por una Big Mac, pero si lo aceptaban, serían eliminados para siempre de la página de Burger King. El resultado final fue que perdieron 30 mil seguidores con la acción. Y es quizá Burger King no contó con el sesgo del descuento hiperbólico: el beneficio inmediato siempre parece mejor.

Cómo afecta a nuestra capacidad de compra y ahorro.

El descuento hiperbólico no solo afecta a nuestros propósitos, sino que también a nuestras decisiones de compra y la capacidad de ahorro en general.

Todo esto ocurre porque nuestro cerebro, acostumbrado a no privarse de un beneficio inmediato, tiende a elegir la recompensa más cercana al parecerle más accesible, concreta y tangible, por lo que descarta las consecuencias futuras de la elección al no tener suficiente valor frente a las inmediatas. Esto explicaría que los establecimientos usen el “compren ahora y paguen después”, lo que hace que no podamos esperar a comprar algo que deseamos con mucha fuerza pese a saber que, si esperamos, va a ser más sencillo pagarlo o que podría ser más barato.

La dificultad que tenemos de controlar este “Yo impulsivo” se debe al anclaje que tenemos al presente, a lo inmediato, lo que explicaría también porque nos cuesta tanto ahorrar.

Pero la buena noticia es que no está todo perdido, y es que existen trucos y técnicas que nos permiten esquivar esos impulsos y facilitar el ahorro incluso a pesar de nosotros mismos. Algunos de los consejos más fiables empiezan por organizar tus finanzas para controlar lo que gastas (Método Kakebo), automatizar los ahorros a través de aplicaciones móviles que te permiten ahorrar sin darte cuenta (coinScrap), o convertir el ahorro en algo fijo cada mes (es decir, ahorrar al principio del mes, no lo que sobra al final) y muchos otros que ya os iremos explicando en nuestro blog, aunque sin duda el mejor truco de todos es pensarse las cosas dos veces, ¿no crees?.

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